Conciencia Ciudadana
Miguel Angel Serna
Primavera en el Zócalo
Domingo 22 de marzo. Una vez más el Zócalo de la Ciudad de México lleno a reventar con los simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador, a pesar del cerco informativo que las televisoras y radiodifusoras comerciales, y las instancias informativas gubernamentales han mantenido alrededor de el ex candidato presidencial -presidente legítimo para la mayoría de quienes ocupan este sitio- ; quienes en un acto ya ritual se han dado cita aquí, para hablar y escucharse, ver y verse, sentir y sentirse que no están solos, que siguen juntos y que su movimiento se mantiene tan vivo como aquél día de 2006 en que inicio su resistencia al gobierno surgido de las elecciones más controvertidas de la historia nacional.
Andrés Manuel se mueve como pez en el agua, como un mago político que pondera magistralmente sus tiempos y movimientos, inexplicables para la clase política mexicana, la que lo ha dado por muerto civilmente decenas de veces, teniendo que recular otras tantas, terminando por reconocer que el tabasqueño es un personaje singular, un político poco común, y un adversario difícil de vencer y mandar a su casa, como tantos lo desean desde el fondo de su corazón.
"Estaríamos mejor si gobernara López Obrador" afirma, sin poderlo comprobar, la propaganda de un partido político que lo apoya; pero lo cierto es que el mensaje causa efecto en quien lo escucha, especialmente en ese amplio sector social al que todavía el corporativismo, la manipulación masiva o los sermones domingueros lograron asustar en 2006 llevándolo a las urnas a votar no por Calderón o Madrazo, sino contra quien fue señalado como "un peligro para México" porque hoy, las promesas con las que se le detuvo han mostrado su verdadero rostro, poniendo a cada quien en su lugar: no fue López Obrador quien despojó de casa y carro a la temerosa clase media, sino las deudas bancarias que en lo que va de este sexenio han devorado el patrimonio familiar; López Obrador no quitó el empleo ni cerró empresas, pero sucedió que los empleos se volatizan y las empresas cierran sus puertas con el gobernante que impidió su llegada; se le dijo violento, y hoy la violencia se ha instalado en el país entero, atizada por las violentas arengas que llaman a la guerra total contra la delincuencia sin que la corrupción deje de crecer y penetrar las estructuras más cercanas a quien se hizo del poder propiciando el miedo, el rencor y la división nacional.
Es por eso que quienes acudieron ayer al Zócalo, pero sobre todos quienes vuelven la vista nuevamente a lo que sucede con el movimiento social encabezado por López Obrador no son los mismos de siempre, sino muchos más; procedentes de diversos sectores sociales desencantados del gobernante al que quisieron creer hasta en sus descalificación al líder al que ahora valoran en su justa dimensión, reconociendo la legitimidad de su lucha.
La enésima resurrección de este personaje es pues, un verdadero acontecimiento, pero sobre todo, la renovación del movimiento que lo impulsa, que ha modificado sus objetivos de acuerdo a las circunstancias sin quedarse anclado en el pasado; defendiendo las más sentidas luchas nacionales, obligando a la clase política a abrir el debate sobre la privatización petrolera; denunciando la corrupción de los más altos integrantes del llamado gobierno espurio y, ahora, emprendiendo la defensa de la economía popular de las medidas oligárquicas con las que se pretende manejar la crisis económica.
Pragmático, Andrés Manuel reiteró su opinión ya sabida sobre la podredumbre de la clase política (dentro de la que sin nombrarla incluye a quien le venga el saco, sea de izquierda, centro o derecha). Sin embargo, llamó a sus seguidores a votar en las próximas elecciones, por los candidatos (no por los partidos) que realmente convengan a sus intereses ciudadanos directos, rechazando desde luego, cualquier alianza con el PAN o el PRI, a quienes sigue señalando como instrumentos de la oligarquía que gobierna verdaderamente, formada, nos informó, no por trescientas como en época de Porfirio Díaz, sino sólo por treinta familias que detentan el poder real en el país.
El, por su parte, apoyará al PRD, PT o Convergencia, según las circunstancias y características particulares de los candidatos, con lo que se mantiene fuera del lodazal que hace presa a la izquierda partidista, sin renunciar a su pertenencia a ella.
A nuestro criterio, de todo lo dicho por el líder social más importante del país, fue su mensaje filosófico y moral la parte más sustancial de su discurso, no solo por sus contenidos, sino porque hasta ahora, tal vez desde tiempos de Juárez o quizá Francisco I Madero, muy pocos políticos mexicanos se han comprometido abiertamente con propósitos más allá de los intereses inmediatos que los mueven.
A la manera en que grandes líderes mundiales como Gandhi, Luther King o Mandela lograron inspirar a sus pueblos hacia formas superiores de lucha y convivencia social, Andrés Manuel convocó, ayer en el Zócalo, a crear una nueva corriente de pensamiento, a fortalecer los valores morales y espirituales, dando paso a una sociedad donde la mujer y el hombre no valgan por lo que tienen; sino por su honestidad, su trabajo y sobre todo, por su generosidad. Es necesario -insistió el líder- una revolución de las conciencias, un cambio de mentalidad que ya ha comenzado con la organización de la gente que reclama cuadros dirigentes con mística y un profundo amor al pueblo, como puede lograrse el renacimiento de la Patria.
Una corriente espontánea se extendió por los presentes al escuchar estas palabras, tan extrañas en un discurso político mexicano, manifestándose un especial entusiasmo colectivo en los asistentes que, minutos más tarde, regresarían a sus lugares de origen por los caminos que los trajeron, una vez más, al corazón de México al despuntar la primavera del 2009.
Primavera en el Zócalo
Domingo 22 de marzo. Una vez más el Zócalo de la Ciudad de México lleno a reventar con los simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador, a pesar del cerco informativo que las televisoras y radiodifusoras comerciales, y las instancias informativas gubernamentales han mantenido alrededor de el ex candidato presidencial -presidente legítimo para la mayoría de quienes ocupan este sitio- ; quienes en un acto ya ritual se han dado cita aquí, para hablar y escucharse, ver y verse, sentir y sentirse que no están solos, que siguen juntos y que su movimiento se mantiene tan vivo como aquél día de 2006 en que inicio su resistencia al gobierno surgido de las elecciones más controvertidas de la historia nacional.
Andrés Manuel se mueve como pez en el agua, como un mago político que pondera magistralmente sus tiempos y movimientos, inexplicables para la clase política mexicana, la que lo ha dado por muerto civilmente decenas de veces, teniendo que recular otras tantas, terminando por reconocer que el tabasqueño es un personaje singular, un político poco común, y un adversario difícil de vencer y mandar a su casa, como tantos lo desean desde el fondo de su corazón.
"Estaríamos mejor si gobernara López Obrador" afirma, sin poderlo comprobar, la propaganda de un partido político que lo apoya; pero lo cierto es que el mensaje causa efecto en quien lo escucha, especialmente en ese amplio sector social al que todavía el corporativismo, la manipulación masiva o los sermones domingueros lograron asustar en 2006 llevándolo a las urnas a votar no por Calderón o Madrazo, sino contra quien fue señalado como "un peligro para México" porque hoy, las promesas con las que se le detuvo han mostrado su verdadero rostro, poniendo a cada quien en su lugar: no fue López Obrador quien despojó de casa y carro a la temerosa clase media, sino las deudas bancarias que en lo que va de este sexenio han devorado el patrimonio familiar; López Obrador no quitó el empleo ni cerró empresas, pero sucedió que los empleos se volatizan y las empresas cierran sus puertas con el gobernante que impidió su llegada; se le dijo violento, y hoy la violencia se ha instalado en el país entero, atizada por las violentas arengas que llaman a la guerra total contra la delincuencia sin que la corrupción deje de crecer y penetrar las estructuras más cercanas a quien se hizo del poder propiciando el miedo, el rencor y la división nacional.
Es por eso que quienes acudieron ayer al Zócalo, pero sobre todos quienes vuelven la vista nuevamente a lo que sucede con el movimiento social encabezado por López Obrador no son los mismos de siempre, sino muchos más; procedentes de diversos sectores sociales desencantados del gobernante al que quisieron creer hasta en sus descalificación al líder al que ahora valoran en su justa dimensión, reconociendo la legitimidad de su lucha.
La enésima resurrección de este personaje es pues, un verdadero acontecimiento, pero sobre todo, la renovación del movimiento que lo impulsa, que ha modificado sus objetivos de acuerdo a las circunstancias sin quedarse anclado en el pasado; defendiendo las más sentidas luchas nacionales, obligando a la clase política a abrir el debate sobre la privatización petrolera; denunciando la corrupción de los más altos integrantes del llamado gobierno espurio y, ahora, emprendiendo la defensa de la economía popular de las medidas oligárquicas con las que se pretende manejar la crisis económica.
Pragmático, Andrés Manuel reiteró su opinión ya sabida sobre la podredumbre de la clase política (dentro de la que sin nombrarla incluye a quien le venga el saco, sea de izquierda, centro o derecha). Sin embargo, llamó a sus seguidores a votar en las próximas elecciones, por los candidatos (no por los partidos) que realmente convengan a sus intereses ciudadanos directos, rechazando desde luego, cualquier alianza con el PAN o el PRI, a quienes sigue señalando como instrumentos de la oligarquía que gobierna verdaderamente, formada, nos informó, no por trescientas como en época de Porfirio Díaz, sino sólo por treinta familias que detentan el poder real en el país.
El, por su parte, apoyará al PRD, PT o Convergencia, según las circunstancias y características particulares de los candidatos, con lo que se mantiene fuera del lodazal que hace presa a la izquierda partidista, sin renunciar a su pertenencia a ella.
A nuestro criterio, de todo lo dicho por el líder social más importante del país, fue su mensaje filosófico y moral la parte más sustancial de su discurso, no solo por sus contenidos, sino porque hasta ahora, tal vez desde tiempos de Juárez o quizá Francisco I Madero, muy pocos políticos mexicanos se han comprometido abiertamente con propósitos más allá de los intereses inmediatos que los mueven.
A la manera en que grandes líderes mundiales como Gandhi, Luther King o Mandela lograron inspirar a sus pueblos hacia formas superiores de lucha y convivencia social, Andrés Manuel convocó, ayer en el Zócalo, a crear una nueva corriente de pensamiento, a fortalecer los valores morales y espirituales, dando paso a una sociedad donde la mujer y el hombre no valgan por lo que tienen; sino por su honestidad, su trabajo y sobre todo, por su generosidad. Es necesario -insistió el líder- una revolución de las conciencias, un cambio de mentalidad que ya ha comenzado con la organización de la gente que reclama cuadros dirigentes con mística y un profundo amor al pueblo, como puede lograrse el renacimiento de la Patria.
Una corriente espontánea se extendió por los presentes al escuchar estas palabras, tan extrañas en un discurso político mexicano, manifestándose un especial entusiasmo colectivo en los asistentes que, minutos más tarde, regresarían a sus lugares de origen por los caminos que los trajeron, una vez más, al corazón de México al despuntar la primavera del 2009.
Comentarios